abertura








Morena-Lucrecia-Josefina
Lucrecia-Eliana-Josefina

































Pablo Fontes



Reproduzco, en parte, el texto de Laura Isola, curadora de la muestra:

El arte y lo monstruoso reducen su existencia al imperativo de cada época. Es decir, en cada tiempo se definen a sí mismos,-¿qué es arte?. ¿cuáles son los monstruos?-, y de esta manera trazan el límite.
Nuevamente, la condición necesaria de existencia es dotar negativamente a lo que no forma parte de. Sin embargo distinto de la psiquiatría, el arte integra a los monstruos a sus filas: los escribe, los pinta, los hace actuar, los esculpe y los vuelve sagrados. La disciplina científica los clasifica de diferentes maneras, al menos eso aprendimos con Foucault en su libro Los anormales de 1975. Mejor dicho, al menos yo, esto lo aprendí en Clases. Literatura y disidencia de Daniel Link, donde se explica que “el dominio de la anomalía durante el siglo XIX convoca y absorbe tres figuras previas: el monstruo humano, el incorregible y el pequeño masturbador”. Si el primero constituye el límite, “combina lo imposible y lo prohibido”, el segundo es el que requiere de la corrección permanente: en todo tiempo y lugar. Aquel que es el más difícil de asir. En cuanto a la tercer figura, exhibe las relaciones entre medicina y sexualidad y “el mal uso del cuerpo”. La masturbación como conducta a corregir.
Pero el arte no se aleja tanto del método clasificatorio, cuando este último se vuelve operativo para poner en palabras lo que se ve.(...)




(...) “Paradise cooming soon”, la serie de Pablo Fontes pareciera estar en el lugar opuesto. Ya desde el título esperanzado y bienhechor, ya desde la gama de colores refrescantes na hay indicios, a simple vista, de la amenaza. Bien dicho está: a simple vista. Porque en la obra de Fontes, en estas pinturas y en trabajos anteriores, la miniatura, el detalle escondido concentra el sentido de lo inquietante. Lo que se vuelve extraño en el espacio de lo domestico es algo del orden de lo siniestro y algo de eso hay en los cuadros. Justamente en éstos está su familia, su infancia y su entorno, surfeando por superficie obsesiva de la tela. Pintados como retratos liliputienses por el artista Gulliver o por el reductor de personas, como si fuera un experimento a la medida de los cuentos de Hoffmann.(...)

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